En aquellos días, Abram cayó rostro en tierra y Dios le habló as - Génesis 17, 3-9

Lectura orante

Autor: José Domingo Correa.

 

“Cayó rostro en tierra”, signo de humildad, actitud orante, recogimiento, disposición para el encuentro consigo mismo, disposición para la escucha. El contacto del rostro con la tierra nos recuerda nuestra fragilidad, “estamos hechos de barro”, “él sabe de qué estamos hechos, se acuerda de que somos polvo” (salmo 103, 14). 

Tal vez si hiciéramos el ejercicio de postrarnos en tierra entenderíamos mejor este signo, como también entenderíamos a los que profesan el Islam cuando se postran en oración cinco veces al día. Como quien hace meditación que ha de disponer su cuerpo en ciertas posiciones para lograr un estado mental de quietud. La posición del cuerpo ayuda a la mente a entender. 

La situación que vivimos por estos días nos está llevando a reconocer nuestra fragilidad. Somos seres limitados en una época en la que pensábamos que todo lo podíamos lograr. Es la reflexión que muchos empiezan a hacer y a manifestar a través de los distintos medios de comunicación.

Necesitamos “caer rostro en tierra” en un ejercicio espiritual de la mente para reconocer con humildad nuestra fragilidad y por tanto nuestra profunda necesidad de estar conectados con el origen de la vida: el eterno Dios vivo y verdadero que nos ha dado a su Hijo Jesús, Palabra viva, sabiduría encarnada, origen y autor de nuestra alegría: “Abraham se regocijó pensando en ver mi día; lo vio y se alegró” (Jn 8, 51-59)

 

Abrám rostro en tierra experimentó la alegría de su presencia, el regocijo de su bondad. Esto es real, se vive y se experimenta en el cuerpo cuando se reconoce con humildad la fragilidad humana y la necesidad de Dios. Caer rostro en tierra significa entrar en contacto con nuestro interior, detenernos, escuchar, abrir la mente y dejar que Dios hable. 

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