“Gusten y vean qué bueno es el Señor, Dichoso el que se acoge a él”-Salmo 33

Salmo

Autor: José Domingo Correa.

La riqueza espiritual de los salmos y en general de la biblia, está en la sabiduría perenne que hay en sus palabras y que trasciende los siglos. Es palabra que viva que se conecta con los espíritus sedientos de cada época que buscan verdad y luz. Es misterio escondido que descubren las almas simples. Experiencia real, palpable, que se puede sentir con el cuerpo y con el alma. 

En las sociedades agrícolas el contacto con la tierra permitía a las personas mayor sensibilidad, mayor contacto con la vida, con la fuerza viva de lo natural. En la sociedad del conocimiento corremos el riesgo de perder sensibilidad, tacto vital, en cuanto que nuestra relación con lo artificial es más frecuente, ocupa mayor espacio y tiempo en nuestra cotidianidad.

Nuestras labores hoy son de orden intelectual, académica, matemática, técnica, y ocupan buena parte de nuestro tiempo. Y esto puede desgastar nuestra capacidad de “gustar y ver” lo bueno que es la vida, lo bueno que es la compañía de quienes amamos, lo bueno que es la amistad, el encuentro; lo bueno que es el contacto con la vida, el contacto con las personas amadas; lo bueno que es el contacto con Dios.

Estos días, entre muchas tareas, pueden servirnos también para superar el desgaste espiritual y humano y reactivar nuestra capacidad de “gustar y ver”. 

Su presencia es viva y es real, se puede saborear y disfrutar. Los humildes lo escuchan y se alegran. “Qué bondad tan grande, Señor, reservas para los que en ti confían, a la vista de todos. En el asilo de tu presencia los escondes de las conjuras humanas”

 

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